Fernando Manso Photographer

Conversaciones con Antonio López sobre ‘España’, de Fernando Manso

22 Oct

El fotógrafo Fernando Manso acaba de publicar su libro “España”, que recoge una selección de imágenes de los lugares más recónditos del país, mostrando siempre su particular visión del mundo. Envueltas en un halo de misterio, las fotografías de Fernando Manso transportan a lugares escondidos en los sueños más profundos, mostrando un lado de la naturaleza que se escapa simple vista.

El fotógrafo Fernando Manso acaba de publicar su libro “España”, que recoge una selección de imágenes de los lugares más recónditos del país, mostrando siempre su particular visión del mundo. Envueltas en un halo de misterio, las fotografías de Fernando Manso transportan a lugares escondidos en los sueños más profundos, mostrando un lado de la naturaleza que se escapa simple vista.

Hemos tenido la suerte de mantener una conversación con Antonio López, el pintor español vivo más cotizado del momento. Con él, hemos hablado de la obra de Fernando Manso, y ha accedido a escribir el prólogo del libro que retrata España desde un nuevo punto de vista. Queremos compartirlo con vosotros:

España

A España se la ha pintado poco, pero ese es un detalle que ya no tiene solución. La pintura en el pasado estuvo asociada a temas religiosos, o al poder, y prestó poca atención a las ciudades. Italia está muy pintada, y esa representación del espacio urbano, tanto exterior como interior, ya se encuentra en Piero della Francesca, Masaccio, Mantegna… E igual ocurre en otros lugares, como en Delft gracias a Vermeer. Aquí en España se les ha prestado poquísima atención a la ciudad, apenas algo en Velázquez. El español siempre ha estado demasiado ocupado con las pasiones, sus amores y odios, Dios, los temas mayores…, el tema urbano pasa prácticamente desapercibido hasta el siglo XIX. O se recibía un encargo, o se quedaba sin hacer. Sin embargo, la fotografía sí lo ha recogido más. Técnicamente resulta más fácil que en pintura y, desde la aparición de las primeras cámaras, los fotógrafos le prestan un mayor interés e ese sujeto. En cambio, no ocurre lo mismo en la pintura.

Lago barcas. Panorámica Riaño


Lo documental

Esa es la principal aportación de la fotografía, su valor documental. En el momento en que surge la fotografía, la vida se desarrolla en la calle (las gentes, los niños, las escenas cotidianas…) y enseguida capta el interés de la cámara, y dichas escenas quedan representadas. Recuerdo alguna imagen de la Puerta del Sol de 1856 en la que el espacio apenas se reconoce, y –debido a las exposiciones lentas– las figuras salen movidas, pero la nitidez con que aparece la arquitectura es de una perfección increíble.

Catedral destruida

La objetividad

Desde sus orígenes, a la fotografía no se le ha dado la importancia que realmente tiene. La pintura se mueve en otros terrenos. La pintura refleja la sociedad, el trabajo, y bucea en lo psicológico hasta el límite de falsear la realidad. En su obra, el pintor siempre aparece, siempre se pone él mismo. La fotografía no podrá compararse a las obras de Leonardo, pero su medio le permite una naturalidad que nunca antes se había dado en la representación de las cosas, la fotografía deja constancia. La pintura, desde Altamira, ha trabajado con un doble plano, objetivo y subjetivo. Las fotografías nacen para cubrir lo objetivo.

Lo extraordinario

Cada caso es diferente, pero Fernando Manso no cumple con el estereotipo del fotógrafo, su disposición supera lo corriente y siempre busca algo excepcional. Desde su objetivo, ofrece detalles extraordinarios como solo puede hacerlo la fotografía, y eso es de una importancia enorme. El fotógrafo está atento a lo que ocurre. Por ejemplo, los temas de Hopper son los de un fotógrafo, pero el pintor siempre pone su hígado; enriquece la imagen, pero pierde fidelidad. Si hubiese habido un fotógrafo junto a Goya…  la pintura, en su deseo de veracidad, se ha acercado hasta donde se puede a la imagen fotográfica, pero no es capaz de los espacios de un registro documental.

Bosque hundido

La sensibilidad

Una persona sensible siempre ve la poética (un término muy denostado) porque posee ese don, esa capacidad de imaginar un resultado, y así lo hace Fernando Manso. Al igual que la naturaleza tiene el poder de sugestión sobre el hombre, su tarea como fotógrafo es captar esa sensación que el mundo no produce, es el material esencial de trabajo y a la vez el punto de partida.

Por eso desde el surgimiento de la fotografía, la pintura ya es igual. En la fotografía aparecen de algún modo todas las artes anteriores, es el último lenguaje y, como tal, ha influido a la pintura.

Los artistas trabajan con sentimientos, estos promueven su obra, y sin ellos no se puede trabajar. Los sentimientos son la materia noble del arte. Si no transmites, si no emocionas, no llegas a los demás.

Bosque de Laurisilva

La luz

Otro tema esencial es la luz. Pintores y fotógrafos trabajamos con la luz, con los colores, pero hay tantas luces: la de Solana, la de Sorolla…, hasta los iconos tienen la suya propia, aunque esta sea de orden moral. Hay luces más físicas, como la de Rembrandt, y otras interiores. Hay muchas formas de representar la luz. La pintura de la India es más objetiva y espiritual, y la de Romero de Torres es más subjetiva. Hay diferencias, pero tanto en la pintura como en la fotografía, la luz es inevitable. Una cámara no sabe de teorías, si no hay luz no saca nada.

Es cierto que la pintura puede crearla. La luz de El Greco no existe en el mundo, la inventa, mientras que la fotografía no puede pretenderlo. Su luz objetiva es aceptada por mostrar la realidad, aunque la transforme.

Por eso las fotografías de Fernando Manso me recuerdan a Caspar David Friedrich, están tocadas por ese espíritu evocador del romanticismo alemán, su templanza, que concilia el tumulto del idealismo con una armonía y serenidad bellísimas.

Daimiel puente

Lo irrepetible y el tiempo

Los procesos y mecanismos de la fotografía son diferentes y especiales. Tanto en la pintura como en la fotografía conviven un tiempo de concepción y un tiempo de realización, y son bien diferentes. Algunas pinturas tardan en acabarse o no se acaban, pero lo maravilloso de las fotografías es que constituyen el reflejo de un momento único e irrepetible, la relación con la realidad. Y cuando en el entorno al que tienes acceso nace algo, quieres recogerlo; se produce una pulsión, justo allí, y en ese momento es cuando se realiza. Y el tiempo no existe. Hay un tiempo material y un «tiempo virtud», entendido de un modo más espiritual, una suerte de conciencia inconsciente.

Estacas Japonesas

Contemplar la naturaleza

El modo de recepción de la obra depende de muchos factores. Hay artistas entendidos en el acto (Miguel Ángel y Leonardo) y otros que tardan más tiempo en lograr los frutos que su esfuerzo merece. El contexto, el entorno, las diferentes plataformas…, todo influye y a veces es muy perturbador. En mi caso, creo que casi todo lo he hecho desde la civilización, aplicando mi propio temperamento. Aún así, y pese a que mi entorno es más urbano, la naturaleza es poderosa y hay momentos en que desvela algo. Recuerdo que me ocurrió una vez en el pico de La Maliciosa, en Guadarrama. En la naturaleza hay horas especiales donde ocurren cosas que no estamos acostumbrados a ver, lo inusual, el instante donde se produce una revelación, y es en esos instantes donde –como muy pocos creadores, y de forma muy personal– trabaja Fernando Manso.

Descubre la fotogalería de Fernando Manso para su libro ‘España’